Autor:
Paula Soler
Editorial:
Grijalbo, 2013
Encuadernación:
Rústica
ISBN: 9788425351075
Páginas:
300
Siempre
digo que este tipo de libros me gusta leerlos en verano… y es que una sabe más
o menos lo que se va a encontrar.
Últimamente,
tras el bombazo-Grey, parece que se ha puesto de moda este tipo de literatura;
la verdad es que es un género que no suelo leer mucho pero que no me desagrada,
me entretiene bastante. Como es el caso que traigo hoy.
Tenemos
una misma historia contada por dos puntos de vista… y la historia de ambos por
separado en determinados momentos. Eso sí, siempre en primera persona.
Por un
lado, David, un tío que está tremendo, con su novia ingenua y perfecta con la
que se casará en breves; por otro, Irene, una joven viuda atractiva cuyo tipo
de vida es diferente al de la mayoría. Una Ama.
Ambos
se encuentran por casualidad en un viaje a Donostia, cada uno por razones
diferentes. Su encuentro no tiene nada del otro mundo, se toman algo y cada uno
para su casa, aún notando la atracción surgida. Sin embargo, ella (que le ha
dado un nombre falso) se deja el móvil en la mesa… excusa perfecta para volver
a verse semanas después.
Y es
que, aún con identidad ficticia, David da con ella por puro azar.
Así,
Soler nos brinda una novela bastante sencilla que cumple su cometido
entreteniendo al lector, aún sabiendo de antemano lo que va a pasar; no hay
giros en la trama –al menos a mí me ha parecido predecible-, pero eso sí, las
escenas subidas de tono están bastante bien narradas, consigues meterte en la
historia aún sin ser demasiado explícitas e incluso dejándote con la miel en
los labios en alguna ocasión.
Aunque,
como ya dije en su día con respecto a
Grey, no es de lo más fuerte que he leído de esta temática sadomasoquista
y demás.
Un
libro algo flojo, igualmente entretenido, con sus tópicos, narrado (como digo)
a dos voces que dan muy buen resultado, pues se hace realmente ameno y rápido a
medida que vamos avanzando en la historia.
Perfecto
para leer en esta época.
Frase:
Me llamo Irene Beltrán, tengo treinta y dos años y hace ya algunos que descubrí
lo que me gusta en el sexo y en la vida […]. Ya que el destino me ha negado lo
que más quería, no voy a renunciar a las
otras cosas que me hacen feliz. / Aunque, para muchos, esas cosas sean un
ejemplo de pura perversión.
*Gracias
a la Editorial por enviarme el ejemplar!!
