Autor:
Laura Esquivel
Editorial:
Plaza & Janes, 2001
Encuadernación:
Tapa dura
ISBN: 9788401328810
Páginas:
224
Aunque
la romántica no es lo mío, me animé a leer este libro porque el archiconocido
“Como agua para chocolate” me encantó y, aún con relectura, lo he disfrutado un
montón.
Vuelve
a traernos de nuevo una novela romántica, con el final de la Revolución
Mexicana como trasfondo y, aunque no es protagonista directa, sí está bastante
presente durante toda la historia.
Nuestro
personaje principal, Júbilo, se encuentra en sus últimos días, con su hija
velándole y haciéndole compañía. A su vez, conocemos su historia: el pequeño de
doce hermanos, en una familia humilde, con un carácter realmente peculiar.
Aprendió a hacer de intérprete entre su abuela y su madre, pues sus orígenes
eran distintos, y cuando creció descubrió el Morse, importante medio de
comunicación que le tenía fascinado.
Pero
también conoció el amor, con sus altibajos, sus barreras y sobretodo la pasión
que le caracteriza. Y realmente se tiran la mitad del libro dale que te pego;
frases como que “le tocaba el clítoris en clave de Morse” me han dejado loca
(no puedo con estas cosas). Llamadme poco romántica.
En
sus primeras páginas, lo cierto es que me costó pillarle el punto (cuestión de
acostumbrarse a determinadas expresiones o palabras, sin drama vaya), pero a
medida que iba avanzando, sí me parecía una historia bonita… que desde luego no
es para mí.
En
el momento de leer “al lado de su esposo, hasta la caca de los caballos olía a
gloria”… ¿En serio? ¿Ha estado cerca de alguna, señora Esquivel? Porque yo sí y
le aseguro que, por cegada que esté de enamoramiento, de gloria poco.
En
fin, que no me ha cuajado, con lo cortito que es, se me ha hecho tedioso y en
un par de ocasiones me costaba avanzar.
Repito
que tanto la historia como su trasfondo me parecen bonitos e interesantes, pero
no de la forma en que lo ha llevado la autora.
Nota
(mental o no): porque un libro de un autor concreto te haya gustado, no tienes
por qué comprar todos los demás y arriesgar como las locas. Porque mira.
Y
porque soy de las que hace eso.

