Autor:
Carmen Rigalt
Editorial:
La esfera de los libros, 2002
Encuadernación:
Rústica
ISBN: 9788497340515
Páginas:
269
Este
es uno de esos libros que compro, coloco en la estantería y echa raíces
tranquilamente.
En
verano me decidí a rescatarlo y bueno, adelanto que me ha parecido un peñazo.
Pocas reseñas negativas tengo por aquí.
Cito:
“Este
es el libro de una mujer sin reparos que se abre en canal buscando su
inmolación literaria. Las cosas que en sus páginas se cuentan están grabadas a
fuego en la fibra más íntima de la condición femenina y logran la complicidad
de todas las mujeres.”
Bueno,
yo no he percibido nada de eso, ni siquiera un soplidito suave.
Es un
diario, así que tenemos una historia en primera persona, que ya sólo con eso
debería de resultar bastante dinámica a la hora de leer… no puedo decir que no
se lea rápido, pero llega un punto en el que da la sensación de que no avanzas,
ya que no pasa nada relevante ni algo que digas “vaya, algo de chicha”. No.
Por un
lado, entiendo que el hecho de que sea un diario lo hace más natural, a mí me
daba la impresión mientras lo leía de que no estaba ni revisado ni nada, sino
que era un diario como tal: explicar situaciones y sentimientos (menos de los
que me habría gustado), pero al tun-tún, sin releer luego para ver si cuadra o
si es coherente, como si te lo estuvieran contando en directo sin especial
emoción.
Y como
muchas charlas banales, no le he encontrado interés de ningún tipo, a veces me
daba la sensación de estar de nuevo en la pelu, cuando algunas clientas te
cuentan absurdeces y sientes la necesidad de vaciar el cerebro y asentir
mientras curras, sin más.
Nunca
la he seguido especialmente pero sí me apetecía mucho leerla desde hace tiempo,
en qué hora, me da rabia porque había leído buenísimas opiniones sobre la obra
de esta mujer, tanto como escritora como en su faceta de periodista.
No
puedo recomendarlo, no he sentido empatía hacia ningún personaje, me ha
parecido aburrido prácticamente desde el comienzo, todo paja, vaya.
Lo
mejor de esta lectura: haber dejado hueco en la estantería.
