Autor:
Raquel Díaz Reguera
Editorial:
Thule Ediciones, 2011
Encuadernación:
Tapa dura
ISBN: 9788492595990
Páginas:
64
“En
los estantes de la antigua alacena, más de una veintena de frascos de cristal,
idénticos entre sí, reposaban ordenados y etiquetados cuidadosamente con una
pulcrísima caligrafía.
Hay
personas que coleccionan sellos, gatos de porcelana, sueños, búhos de ojos
asustados, encendedores… Amanda coleccionaba besos.”
Que
nadie se deje llevar por las ilustraciones y se piense que es un libro
infantil… en absoluto.
Sí, es
un libro de ilustraciones, bastante originales y diferentes, que me han gustado
mucho, con un estilo peculiar e incluso diría personal.
Acompañando
a las mismas, la autora nos cuenta la historia de Amanda, una anciana que ha
fallecido dejando su colección de besos guardados en tarros y perfectamente
etiquetados. Al analizar uno por uno, somos partícipes de diferentes historias
–una por beso-, dejándonos situaciones con las que poder sentirnos identificados
en más de una ocasión…
Tenemos
el beso que nunca se dio, el beso de película, el beso de pedir perdón, el beso
envenenado, el de buenas noches, el soñado, el perdido… y así hasta llegar a 27
pequeños tesoros que se explican en dos páginas: en la de la izquierda se
exponen los datos técnicos, el “análisis científico”; a la derecha tenemos un
relato que nos cuenta brevemente la historia de cada beso.
Lo leí
en una tarde, con una sonrisa en los labios, pues en más de una ocasión me
sentí dentro de las historias, como decía antes.
Una
preciosidad de libro que merece por lo menos un vistazo.
Frase:
Amanda parpadea con sus piernas cruzadas indeleblemente en la memoria. Entonces
Álvaro sonríe, dejándose morder la imaginación por unos labios casi adolescentes
que nunca fueron suyos. Los besos mejor perfilados en la nostalgia son los que
nunca dimos.
*Este
fue un libro ganado en un sorteo hace ya tiempo, en el blog de Matilda.
