Autor: Robert J. Dvorchak, Lisa Holewa
Título
original: Milwaukee Masscre
Editorial:
Plaza & Janés, 1992
Encuadernación:
Tapa blanda
ISBN: 8401374480
Páginas:
238
Bueno,
los asiduos sabrán de mis gustos por libros de temática oscura, así que no creo
que sorprenda el que trigo hoy.
En
esta ocasión, el libro está basado en un hecho real descubierto a principios de
los 90 y que causó, obviamente, un repercusión tremenda… dando para libros,
pelis e incluso para que otras historias se basaran en esta.
Es la
historia de uno de los asesinos en serie más famosos de todos los tiempos:
Jeffrey Lionel Dahmer aka El Carnicero de Milwaukee.
Responsable
de la muerte de 17 personas, todos ellos hombres homosexuales asesinados entre
1978 y 1991, hechos por los que se le condenó a 957 años.
Fue un
niño querido, por lo que estamos fuera del tópico de depravado con infancia
destruida en una familia desestructurada, todo lo contrario, de hecho siempre
se hacía ver como una persona sumisa, un chaval que en secundaria jugaba al
tenis y trabajaba en el periódico. Es más, era un hombre apacible que trabajaba
en una fábrica de chocolate.
La crónica
se centra en los hechos, pero también nos da a conocer su vida en general, de
niño, con unos padres que le querían y hacían todo lo posible por
proporcionarle una educación y estudios… sin embargo sabemos que a la tierna
edad de diez años empezó a torturar animales (vivía al lado de un bosque) para
después coleccionar sus huesos, aunque le gustaba conservar insectos en formol.
Qué
mono, ¿eh?
Sus
padres se divorciaron al llegar él a la mayoría de edad, aún así, la segunda
mujer de su padre y éste le animaron para seguir en la universidad… abandonando
finalmente por problemas con el alcohol. Ingresó en el ejército… donde fue dado
de baja por idénticos motivos.
Es en
1988 cuando se muda a Milwaukee y nace el serial-killer.
Básicamente
se dedicaba a engatusar –con y sin dinero de por medio- a chavales y no tan
chavales, con alcohol y drogas de por medio, dándonos escenas de todo tipo;
desde posar en desnudos fotografías para después abusar de ellos (en alguno de
los casos, como el de un niño de trece años, fue encarcelado durante un tiempo)
a autostopistas estrangulados.
Por
cierto, se me olvidaba, este tío también era conocido -¿de qué si no lo de
“carnicero”?- por descuartizar y comerse a sus víctimas.
Así
que tenemos de todo, asesinatos de lo más variopinto, canibalismo, necrofilia,
sexo, abusos… una joya de señor, de hecho el testimonio es tela, sobretodo
cuando la policía descubre todo el percal que tenía este hombre en su casa, ya
no solo por los restos encontrados sino por la forma en que muchos de ellos
estaban conservados.
Como
dato curioso, entre el primer crimen y el segundo pasan la friolera de diez
años, pues se sintió taaaaaaan culpable que se dedicó a hacer celibato y acudir
a la iglesia, dejando de beber incluso el vino-sangre-de-Cristo… Claro que
después cogió carrerilla.
Finalizando
con otro dato, fuera de toda esta barbaridad, este hombre murió camino del
hospital a causa de un altercado con un “compañero” (que falleció por lo mismo
dos días después) en el centro psiquiátrico donde ambos estaban ingresados.
Sí es
cierto que lo de los asesinos en serie reales es una temática a los que muy pocos
se acercan y que a mí, no sé por qué, siempre me ha resultado interesante. Ya
veis por aquí mis cambios de registro, de lo más peculiares.
En
fin, una historia sobre un monstruo que me fascinó y me impactó muchísimo
cuando la leí en su día… y que obviamente no recomiendo a cualquiera.
Tenemos
adaptación, llamada Dahmer, del año 2002 y con Jeremy Renner en el papel
protagonista.
Frase:
Parece inimaginable que hay gente que mate, y mate, y mate de nuevo porque
disfrute con ello. Parte de la emoción es sentirse sexualmente excitado durante
y después del asesinato.
