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viernes, 18 de diciembre de 2015

Sostiene Pereira


Título: Sostiene Pereira
Autor: Antonio Tabucchi
Título original: Sostiene Pereira. Una testimonianza.
Editorial: Anagrama, 2012
Encuadernación: Rústica
ISBN: 9788433966322
Páginas: 193


Toca que traiga por aquí una de esas pequeñas joyas literarias que todos debemos leer… sí, me ha encantado.



El libro comienza con su mismo título, que se va repitiendo a lo largo de la narración unas cuantas veces, ya que todo es una historia contada por un narrador que habla por boca del protagonista.

Estamos en el 1938 de un Portugal salazarista, que se da la mano con una España en plena Guerra Civil, nuestro Pereira está a cargo de la sección cultural de un periódico, el Lisboa; para no hacerlo todo solo, decide contratar a un ayudante… y es aquí cuando aparece Monterio Rossi, un joven de izquierdas que escribe artículos malísimos y además anda metido donde no debe.
Pereira, un señor viudo, obeso y adicto a las tortillas a las finas hierbas y la limonada con muchísimo azúcar, decide ingresar en una clínica unos días para mejorar su salud y de paso aprovechar para traducir unos cuentos que publicar más adelante en el periódico.

Así, con la maravillosa Lisboa de fondo, tenemos una narración cuidadosamente hilada, bastante bien escrita, amena y sencilla, de trasfondo a base de claroscuros –más oscuros, la verdad- y con un personaje que me ha encandilado, ya que ha sido todo un descubrimiento.
Uno de esos que se lee en dos tardes, pero que aún siendo realmente breve, no se olvida… es más, es de los que se recomienda más de una y dos veces.

La verdad es que me lo habían recomendado un montón de veces y no acababa de arrancarme, pero me alegro de haberlo hecho por fin, pues vale la pena; es más, entiendo perfectamente que vaya por la decimoséptima edición, no es para menos.

Ahora me toca ir a por la peli.



Frase: En aquel hermoso día de verano, con aquella brisa atlántica que acariciaba las copas de los árboles y un sol resplandeciente, y con una ciudad que refulgía, que literalmente refulgía bajo su ventana, y un azul, un azul nunca visto, sostiene Pereira, de una nitidez que casi hería los ojos, el se puso a pensar en la muerte.