Autor: Enrique
Álvarez
Editorial:
Tantín, 1990
Encuadernación:
Tapa blanda
ISBN:
8487464084
Páginas: 120
Cuando me
topé con este libro, me llamó la atención el título, incluso la portada tan
random, así que tiré con él.
Está
estructurado simplemente con separación entre párrafos, distingues fácilmente
los capítulos aunque no se marquen como tal, pero de igual manera, puedes
leerlo sin problema de una sentada (o dos).
Nos
encontramos en algún lugar de la España profunda, en un pueblo pequeño donde
todos se conocen y donde cada uno sabe la miseria de los demás al dedillo.
Aunque se centra en su mayoría en la vida de Conrado Bernabé y su hijo Ramón,
que tiene algún tipo de deficiencia- paseamos poco a poco por el día a día de
algunos habitantes del lugar, lo cual nos deja una novela costumbrista en la
que no pasa nada relevante –quizá en algún recuerdo de alguno de los
personajes- y sin embargo no deja de resultar interesante.
En cierto
modo me ha recordado –salvando las distancias- a lo que he leído de Miguel
Delibes, por la naturalidad de los hechos en general, por el tipo de
personajes: gente humilde, de campo, con sus quehaceres en el pueblo o las
tierras, sitios donde casi nunca pasa nada… y si pasa, muchas veces se calla
por no meterse en donde no le incumbe a uno. En fin, que en ocasiones tenemos
cierto toque dramático también.
Es un tipo
de lecturas que suelen gustarme mucho, si bien es cierto que no suele haber
giros brutales ni una acción que te mantenga con el culo pegado al sofá. Pero
lo que más destaco de ellas, igual que aquí, es el tratamiento de los
personajes, de cada aldeano, con sus problemas y sus historias, sus
pensamientos y recuerdos que nos llevan a poder conocerlos y comprenderlos un
poco más, la gran mayoría inspirándonos cierta ternura al final.
La verdad
es que no conocía al autor ni me sonaba de nada la obra, por lo que iba
bastante a ciegas, pero me ha dejado muy buen sabor de boca e incluso lo
recomendaría… sabiendo el tipo de historia que se va a leer.
Me ha
gustado descubrirlo.