Autor:
Norberto Luis Romero
Editorial:
Valdemar, 1997
Encuadernación:
Tapa blanda
ISBN: 8477021856
Páginas:
207
Este
es uno de esos autores que descubrí un día por casualidad, hace ya tiempo; de
esos que esos a los que lees y cuente lo que cuente, te parece delicioso.
Hoy
traigo su primera novela.
Es un
libro angustiante, con una atmósfera que te ahoga paulatinamente y no te
permite apenas coger aire, haciendo que te sientas tan frustrado como su
protagonista –el narrador-, que va deshaciéndose poco a poco… tanto mental como
físicamente.
Nuestro
cronista vive con su pareja (o algo parecido), al que llama “intruso” y su
madre agonizante, a la que vemos perder la vida de hálito en hálito, sin poder
hacer nada por ella.
El chico,
en un proceso de decadencia general bastante avanzado, nos hace partícipes de
sus fantasías y paranoias, de sus miedos y recuerdos.
Está
convencido de que tiene una tenia, a la que trata de eliminar y a la vez observa
su evolución entre el delirio, el autocastigo y la fascinación por el parásito,
del que dice encontrar pedacitos minúsculos en sus excreciones… proceso que se
detalla de pe a pa, sin dejar de ser inusual y fascinante a partes iguales,
pues en ningún momento la narración nos resulta vulgar, sí chocante, pero es
algo que me encanta de este autor.
Al
principio cuesta entender al enfermo, no sabes por dónde cogerlo, pero a medida
que la lectura avanza, eso cambia y pega un giro de 180, haciendo que unas
veces quieras ayudarlo y otras abofetearlo; lo cual quizá, también fuese de
ayuda, pues vive sumergido en una quimera constante.
Una
novela diferente, perturbadora, de esas que no se olvidan, de ambiente extraño
y decrépito que deja huella en el lector a la vez que no puede dejar de pasar
páginas. Al menos ese ha sido mi caso.
Una
obra de marcado –muy marcado- carácter escatológico que sin duda recomiendo.
Aún a estómagos sensibles.
Frase:
Cuando muera, la Tenia me saldrá por el ano en busca de luz y de comida. Ése
será mi alumbramiento. (…). Mi monstruoso hijo parricida, con la cabeza
cubierta de garfios y ventosas, coronado con los laureles de la gloria, me
abandonará. Seré una madre muerta, como lo será mi madre.