Autor:
Benjamin Lacombe
Título
original: L'enfant silence
Editorial:
Edelvives, 2011
Encuadernación:
Tapa dura
ISBN: 9788426381811
Páginas:
24
Siempre
me han gustado los libros ilustrados, creo que hay auténticas maravillas, por mucho
que sean catalogados como infantiles.
Hoy,
traigo uno de los que tienen mensaje… pero de los que entienden los adultos.
“No articula
palabra porque no sabe qué decir”
Lacombe
ilustra esta historia de Cécile Roumiguière con maestría, calcando a la perfección
cada sensación escrita (y pensada) por el autor de la misma.
Nuestra
protagonista es una niña silencio, como la clase de niños con los que trabaja
la madre del ilustrador –a la que está dedicado este librito-, niños que viven
en la guarida de los lobos, que salen del colegio y se van asustando y
empequeñeciendo a medida que llegan a sus casas… que no quieren llegar a ellas,
pero no tienen otra alternativa, pues son críos y viven son sus padres.
Padres
que los maltratan o abusan de ellos.
Pero
esto último no se dice claramente en nuestro cuento. Y es aquí donde emana toda
la belleza del mismo.
Lacombe
nos enseña a una niña de enormes ojos tristes, enjaulada en alguna ocasión, con
una mirada sin brillo perdida en su mutismo.
Esta
cría vive separando sus días en azules y rojos, siendo los azules los días
alegres, de paz y sosiego, en los que tocan caricias, pareciendo todo
tranquilo… Y siendo los rojos los días oscuros, en los que no se ríe y todo son
gritos y azotes. Cuando los lobos aúllan.
Tenemos
a una maestra de escuela, que transmite seguridad y armonía, que huele a pan
tostado; ella ayuda a que nuestra Niña rompa esa cadena imaginaria que la tiene
unida a su jaula. Ese silencio.
Acompañado,
como digo, de unas ilustraciones llenas de fuerza que acompañan con maestría
cada metáfora, “La niña silencio” es un libro imprescindible que denuncia el
maltrato de una forma tan delicada que pone los pelos de punta.
Una
delicia.
Frase:
Hay días muy rojos donde los lobos aúllan muy alto y sus mandíbulas se abren
sobre ella babeantes, pero también hay días azules llenos de abrazos.