Autor:
Mian Mian
Título
original: Candy
Editorial:
La Factoría de Ideas, 2003
Encuadernación:
Rústica
ISBN: 9788498006889
Páginas:
287
Si
bien este no es el mejor libro que me he ventilado en lo que lleva de año, es
una lectura diferente e interesante que no creo deje indiferente a quien se
adentre en ella.
Nuestra
narradora y protagonista es Hong, una chica china de diecisiete años que decide
abandonar el instituto para superdotados donde estudiaba.
Huye
de su vida y su ciudad para forjarse un futuro, sin embargo no es tan fácil
como parece…
Conoce
a Saining, un joven músico dos años mayor que ella e igual de perdido, si no
más. No tiene problemas de dinero gracias a su madre, así que Hong acaba
viviendo –y siendo mantenida por él- en su casa.
No
hacen absolutamente nada con su vida, salvo fumar hierba, beber, escuchar rock
y follar como locos… sin embargo, de eso también se acaban cansando.
Nos
adentramos así de lleno en un mundo de vicios y prostitución llevada a cabo
para poder permitirse los mismos, donde gente muy joven –y no tanto- no sabe
qué hacer con su vida y simplemente vive el momento a su manera... bastante
discutible igualmente.
Una
historia llena de promiscuidad, drogas, alcohol, suicidios, violencia y demás
excesos, donde la protagonista no quiere otra cosa que encontrar el amor, aún
sin saber qué y cómo es exactamente, pero desde luego no da con la persona
adecuada. O quizá sí.
Ausente
por completo de diálogos como tal, la historia de Hong nos pondrá los pelos de
punta, además de darnos ganas de abofetearla en más de una ocasión para que
recapacite, despierte y madure. Pero no se puede.
De
narración clara, concisa, sin florituras de ningún tipo y bastante brusca,
aunque no me ha terminado de convencer, ya que en ocasiones parece que nos está
contando la historia atropelladamente una niña de quince.
Tenemos
una novela cruda, prohibida en su día por el gobierno chino, que recomiendo un poco a regañadientes, aunque soy consciente de que no es de gusto de todos.
Frase:
Mientras exista el caos, siempre habrá una esperanza, una esperanza de verdad y
belleza. Nosotros no hemos alcanzado aún ese estado, pero es solo porque
nuestros cuerpos continúan aquí.