Autor:
Alessandro Baricco
Título
original: Novecento
Editorial:
Anagrama, 2000
Encuadernación:
Rústica
ISBN: 9788433966227
Páginas:
84
Hoy
traigo uno de esos libros de los que no sabía su existencia… hasta que di con
él en una visita a una de mis librerías habituales.
Curiosamente
sí conocía la película (vedla, es preciosa). La conocía con el nombre que reza
bajo el título –en mi edición, las hay que sólo tienen el “Novecento”-.
Del
autor sólo había leído Seda (también reseñado por aquí) en su día, que me gustó
pero a la vez me dejó a falta de “algo”. Ese “algo” sí que lo encontré aquí.
Baricco
nos narra la historia de un bebé al que han abandonado en el Virginian, un
conocido y lujoso trasatlántico que transporta viajeros de diferentes clases
(en sus cubiertas, por supuesto) en pleno boom de migración a los Estados
Unidos.
En
contra de lo que los padres del crío pensaban –que no era otra fantasía que el
ser adoptado por algún buen samaritano de clase alta-, el bebé cae en manos de
un tripulante: Danny Boodman, el maquinista; cuida con cariño al niño y además
le da un nombre, Lemon Novecento. Lo que no espera nadie es que tenga un
talento innato con el piano.
Así,
el chiquillo acaba siendo un pianista conocidísimo sobre el océano y en tierra
firme… la tierra que jamás ha pisado, aún pasando su veintena.
Y es
que nuestra historia se sitúa poco antes de la Segunda Guerra Mundial, son los
años dorados del jazz, la música que se lleva dentro e incluso se sigue sin
partitura, como es el caso de Novecento.
Es
algo así como un relato-guión, pues en alguna ocasión el autor nos hace
anotaciones explicando cómo entran o salen los actores o qué se ve al fondo de
la escena; apuntes aparte, me ha parecido muy amena. Me ha encantado.
Una
historia inolvidable, intensa, contada en primera persona por un trompetista
que viaja durante años en el Virginian y recuerda con melancolía al pianista
del océano.
Y
claro, no iba a finalizar sin volver a recomendar su adaptación
cinematográfica, de nombre “La leyenda del pianista del océano”, de 1998, por
Giuseppe Tornatore y con una bso preciosa de mano de Morricone.
Frase:
La tierra es un barco demasiado grande para mí. Es un viaje demasiado largo. Es
una mujer demasiado hermosa. Es un perfume demasiado intenso. Es una música que
no sé tocar.