Autor: George Eliot
Título original: The lifted veil
Editorial:
Alba Editorial, 2008
Encuadernación:
Rústica
ISBN: 9788484283980
Páginas:
115
Este
es el primer libro de George Eliot (seudónimo de Mary Ann Evans) que pasa por
mis manitas… y estoy segura de que no será el último.
Nuestro
protagonista, Latimer, nos cuenta esta historia en su lecho de muerte, con la
delicadeza que le caracteriza y sin embargo nadie de su alrededor valora.
Él es
un chico extremadamente sensible –a todo en general-, de naturaleza poética y
frágil, cosa que a su padre le lleva a los demonios… y es que su hermano es
todo lo contrario. Si hay algo que le haga aún más especial, es que posee un
don: el de acceder a mentes ajenas y obtener visiones sobre futuros incidentes.
Lo que
para cualquiera podría resultar grato, para Latimer se convierte en un
tormento, y es que esas alucinaciones no hacen más que empeorar su estado
físico y mental –siendo en este punto donde se alude a nuestro velo alzado-…
circunstancia que empeora al entrar en escena la frívola Bertha.
Llegados
a este punto, todos esperaríamos que surgiese el flechazo. Pues no. Realmente
hay una atracción entre los dos, pero el rechazo e indiferencia de ella ganan
por goleada.
Además,
la señorita pseudo-Lucrecia-Borgia va a ser su futura cuñada.
Por
otro lado, tenemos una quimera, situada en Praga –preciosa ciudad-. Ello se
repite en varias ocasiones, haciéndonos querer ir a visitarla de cabeza; y es
que la autora realizó un viaje a dicha ciudad, lo que le causó tal fascinación
como para dejarla patente en esta novela.
Así,
tenemos una novelita con tintes fantásticos y pinceladas propias del
Romanticismo, donde ambas cosas llevan a un amargo desenlace; una combinación
que da muy buen resultado, al menos a mí me ha gustado mucho.
Frase:
“Estamos a 20 de septiembre de 1850. Conozco las cifras que acabo de escribir
como si fueran una inscripción largamente familiar. Las he visto, repetidas
sobre esta página en mi escritorio, todas las veces que la escena de mi agonía
vuelve a iniciarse ante mis ojos…”