Autor:
Roald Dahl
Título
original: Revolting Rhymes
Editorial:
Alfaguara, 2011
Encuadernación:
Tapa blanda
ISBN: 9788420473192
Páginas:
68
Este
es uno de esos autores que me encanta, escriba lo que escriba, sorprende.
En
esta ocasión, vengo con uno de sus libros ilustrado, una vez más, por Quentin
Blake.
Tenemos
seis cuentos tradicionales, escritos en verso para todos los públicos… pero con
un puntito retorcido como sólo Dahl lo podría hacer.
<“¡Si ya nos la sabemos de
memoria!”,
diréis. Y, sin embargo, de esta
historia
tenéis una versión falsificada,
rosada, tonta, cursi,
azucarada.>
Pues
bien, este hombre nos los cuenta a su manera, en forma de poesía, reinventando
clásicos y haciendo que se nos escape más de una sonrisa.
Así,
tenemos una Caperucita fan de los abrigos de piel de lobuna, una Blancanieves
que dirige una banda de enanos apostadores, una Cenicienta no tan dulce como
pensábamos o unos cerditos cuya casa pretende ser volada, dinamita en mano, por
el lobo feroz.
Fragmento
de Caperucita roja y el Lobo:
Estando una mañana haciendo el
bobo
le entró un hambre espantosa al
Señor Lobo,
así que, para echarse algo a la
muela,
se fue corriendo a casa de la
Abuela.
“¿Puedo pasar, Señora?”,
preguntó.
La pobre anciana, al verlo, se
asustó
pensando: “¡Este me come de un
bocado!”.
Y, claro, no se había
equivocado:
se convirtió la Abuela en
alimento
en menos tiempo del que aquí te
cuento.
Lo malo es que era flaca y tan
huesuda
que al Lobo no le fue de gran
ayuda:
“Sigo teniendo un hambre
aterradora…
¡Tendré que merendarme otra
señora!”.
Si es
que este autor siempre merece la pena ser leído… por mi parte, me lo pasé pipa.
Muy
recomendable, no sólo para críos… =)
Fragmento
de Los Tres Cerditos:
“Nunca podrá soplar lo
suficiente
para arruinar mansión tan
resistente”,
le contestó el cochino con
razón,
pues resistió la casa el
ventarrón.
“Si no la puedo hacer volar
soplando,
la volaré con pólvora… y
andando”,
dijo la bestia, y el lechón
sagaz
que aquello oyó, chilló:
“¿Serás capaz!”,
y, lleno de zozobra y de
congoja,
un múmero marcó: “¿Familia
Roja?”.
“¡Aló! ¿Quién llama? –le
contestó ella-.
¡Guarrete! ¿Cómo estás? Yo
aquí, tan bella
como acostumbro, ¿y tú?”.
“Caperu, escucha.
Ven aquí en cuanto salgas de la
ducha”.
“¿Qué pasa?”, preguntó
Caperucita.
“Que el Lobo quiere darme
dinamita,
y como tú de Lobos sabes mucho,
quizá puedas dejarle sin
cartuchos”.
“¡Querido marranín, porquete
guapo!
Estaba proyectando irme de
trapos,
así que, aunque me da cierta
pereza,
iré en cuanto me seque la
cabeza”.

.png)










